Natalia debe morir

Hola, posteo acá un pequeño borrador, de un capitulo, de una historia que quiero construir. Que tengan buen día.

Natalia debe morir.

Estas últimas semanas, le había pasado muchas veces por su mente. ‘Natalia debe morir’.
Pero Alex no sabía como iba a lograr que eso sucediera. Solo sabia una cosa, no podía soportar mas tiempo a esa mujer que hacia su trabajo fuera horrible desde el momento en que ella cruzaba la puerta y entraba a la cafetería donde Alex trabaja y pidiera su ‘Chai Extra Caliente’ de todos los malditos días del año.

Una mañana muy azul. Alex, iba caminando a esperar el autobús que lo dejaba cerca de su trabajo. El clima, era espantoso.  ‘Odio el calor’, pensaba Alex. Pasó un autobús y no era el que Alex necesitaba para su trabajo, Pasó otro, tampoco era. Siguieron dos más, y tampoco eran. Al fin, el cuarto camión es el que necesitaba para subir y odiar este hermoso día azul. Odiaba esperar tanto tiempo el autobús cuando hacia bastante calor. Venía lleno de personas y apenas un asiento estaba disponible, pero una señora, de algunos sesenta y siete a setenta años apareció, ganándole el lugar, pasando entre las personas como la humedad. Alex era un joven muy amable con las personas mayores cuando de él nacía esa acción de hacer algo bueno por ellos, como el de ofrecer un asiento a una persona mayor. Pero le molestaban las acciones desconsideradas y arrebatadoras como las de esta señora. ‘Ella debe morir, o no existir. De ser así hubiese ganado mi lugar como correspondía’.

Alex baja de su odioso trayecto. Siente que el calor lo envuelve y eso lo pone de muy mal humor. Luego pensar los mil setecientos cincuenta pasos que debe dar hasta llegar a su trabajo.
Si, tenía una aplicación en su móvil que contaba los pasos que da durante todo el día. Sentía que el sol lo odiaba. Odiaba el calentamiento global. Odiaba las personas que contaminan y tiran basura en la calle y en las playas. Odiaba caminar a su trabajo, odiaba los autobuses. Pero no quería comprar un carro, le parece absurdo gastar tanto dinero en uno, cuando un autobús puede llevarte a muchos lugares a tan bajo costo.

Trabaja en una cafetería que se encuentra dentro de una plaza. Tenía ya siete años trabajando en ese lugar. Le gustaba mucho. Conocía muchas personas, hizo algunos amigos y le encantaba el café. Pero de casi todo lo que le gusta, odia algo de ello.
Ama a la mayoría de los clientes. En especial a los que llegan, piden lo mismo, saludan y se van en cinco minutos. Están con los que tiene muchos temas en común y pueden platicar durante mucho tiempo. Están esos que son amables y no se quejan.
Pero están los que van siempre, y siempre se quejan de todo. Del servicio, de la actitud de los trabajadores, de la comida, del café, del chai, del aire, de la música.

Se pone su mandil y comienza a laborar.

Se prepara un café, uno que lleva tres shots de espresso y chocolate blanco. Su favorito desde que trabaja ahí. Se lo sirve en las rocas. Le gusta el café frío en cualquier clima del año. Y siempre se prepara lo mismo antes de empezar su turno en su trabajo. Es un día normal, al parecer. Como siempre, Alex deseaba que no fueran esos clientes que más odia y que solo le hacen perder el tiempo con sus reclamos.

Alex platicaba un momento con Sandra, una muchacha nueva que tenía apenas diez meses trabajando ahí y se habían hecho ya grandes amigos. Les gustaba charlar sobre libros. Todo marchaba bien en el día hasta que se ve aproximarse una clienta, a la que todos odiaban, en especial Alex, porque, para su desgracia, él preparaba mejor el chai que todos en ese lugar, y Natalia lo sabía.

-Voltea, que ahí viene tu favorita – Dijo Sandra con tono burlón.
-Me gustaría esconderme, pero lastima que ya me vio. -Alex alzaba la mano para responder el saludo de Natalia, que entraba a la cafetería y saludaba con una sonrisa de oreja a oreja. Claro, una sonrisa falsa, como la de Alex.
-Hola, muchachos. Buenos días. Que alegría que estés tú, Alex. Ya sabes. Lo de siempre; un chai, del más grande. ¡Super, super caliente! Que no se olvide. – Recalcó Natalia, con un tono de voz muy alto y falso como su sonrisa. Fingiendo ser una persona amable.
-Claro, enseguida te lo tengo listo, dame un minuto. – Claro que eran mentiras de Alex. Tardaba cinco minutos o más, porque tenía que calentar el agua, para que estuviera muy caliente, y aparte también calentar la leche para que estuviera muy caliente. Enseguida tenia que mezclar el agua y la leche con el chai para terminar la bebida, pero se debía volver a calentar, porque para Natalia aún no estaba lo suficiente caliente para beber.

La bebida estuvo lista al cabo de unos minutos. La mujer de sonrisa falsa la cogió y la bebió. Pero no estuvo a la temperatura que ella deseaba. Necesitaba que estuviera mas caliente.
Todos se preguntaban cómo era posible que un ser humano pudiera beber una bebida de tan alta temperatura. Estaba más alta de lo permitido por la empresa. Podrá lastimar sus órganos, su legua, su esófago, su estómago, su garganta, todo el camino que un liquido puede recorrer al pasar por la boca. Pero para ella no era problema.

Alex le decía, como siempre, que podía volver a prepara su bebida hasta que le gustara y estuviera a la temperatura adecuada. Y cuando a Natalia no le gustaba la bebida su actitud cambiaba. Su voz no era amable, su sonrisa se volvía una desagradable mueca y su ceño se fruncia un poco.

Segundo intento, aun mas caliente el chai, a esa mujer inmune a lo caliente, no le era lo suficiente para poder beberlo. Ella ya no sonería, su ceño lucía muy arrugado y su voz no tubo cambio, no habló. Solo hizo gesto de desagrado y casi tira la bebida de lo molesta que estaba.

Él pobre Alex, tubo que ocultar su frustración, su enojo, sus ganas de decirle cosas, pero logro mantener su enojo muy bien guardado y volvió a decirle que volvía a prepara su bebía. Era casi imposible que alcanzara un grado más alto de temperatura. El liquido empezaba a hacer ebullición, a hacer burbujas que explotaban y lanzaban chispas hirviendo que caían sobre las manos de Alex. Y eso le molestaba muchísimo. Podía sentir la mirada furiosa de la clienta. Al momento de casi preparar la bebida, un mal movimiento hace que la bebida se derrame un poco y Alex se quema la mano, y aguanta el ardor con tal de que Natalia la pruebe y se vaya del lugar.

– ¡No me gusta! ¡No entiendo por que no puedes hacerla como le pido! ¡No sabes lo que es extra caliente! No me quema, no siento nada, no me sabe bien. Tengo que irme, así déjalo ya.

La mente de Alex se fue de su lugar. Algo en él cambió. Fue como un cambio de cerebro y es como si alguien hubiera entrado en cuerpo y lo manipularan. De pronto no sintió nada. No había ardor, no había desesperación. Es como si estuviera en estado neutro, sin recibir señal, sin captar información a su alrededor. Sus oídos no funcionaban. Sólo veía que Natalia movía sus labios, pero no podía escuchar lo que decía. Estuvo así aproximadamente un minuto. La única expresión de su rostro era un pequeño estirón de su labio, estirado a la izquierda. No era una sonrisa, era algo más. Sólo había un pequeño pensamiento que lo controlaba y se repetía contantemente en ese tiempo que estuvo sin reacciona; ‘No puedo permitir que siga sucediendo esto. La odio. No quiero verla más. Tiene que desaparecer para siempre. Ojalá que se muera’
De pronto volvió en sí y tranquila y delicadamente soltó unas palabras:
– Discúlpame. Te juro, que no volverá a suceder.
En su mente, planeaba algo que pensó que solo se quedaría ahí, en su imaginación. Jamás pensó que se volvería realidad.

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