Fuera de este mundo

¿Se han sentido así, cómo si fueran de otro lugar?

Así como si no encajaras en ninguna parte. A dónde sea qué voy me llegar el presentimiento de que no formo parte de ese lugar o de las personas con las que estoy. No me sucede siempre y no me sucede con todos, al menos no con mis amigos cercanos y familiares. No sé a qué se deba. Una prima mía me invitaba a su cumpleaños en un restaurante. Iban a ir amigos suyos, evidentemente. No quise ir porque siento que no es mi círculo y me cuesta tanto poder encajar.

Aunque no sé qué me causa más conflicto; si el querer encajar (qué me cuesta mucho) ó que no quiero encajar con nadie.

Con mi círculo estoy más que bien. Puedo llegar a conocer una persona en muchas meses más. Pero no agregarle inmediatamente a mi vida.

No todo el mundo me cae bien. Y en mi trabajo tengo que fingir tanto que al final es muy desgastante. Es horrible.

Quiero dejar mi trabajo, solo que en este momento de mi vida no puedo.

Pero quiero dejar todo. Mi vida en este lugar, en este trabajo, en esta ciudad. Vine aquí por la playa, porque me encanta. Pero creo que ya no debo estar aquí. Irme a quien sabe qué lugar.

No soy diagnosticado pero supongo o quiero creer que tengo ansiedad. O quizás depresión. Por no haber cumplido metas y sueños que según ya tendría cumplidos ha esta edad de 27 años.

Es que extraña me resulta la vida. Ha cambiado. Ha cambiado tanto que ya no sé si me gusta. O no estoy haciendo lo que me gusta.

No sé qué me está pasando.

Solo que quiero huir . Lejos , muy lejos.

Desaparecer.

¿Les ha pasado?

Costumbre que ya no espanta.

En cada casa en la que he vivido por azares de la vida, suceden cosas extrañas. Desaparecen cosas y al tiempo están devuelta cómo si nada.

Me refiero a playeras, pantalones, accesorios. Desaparecen de mi cuarto y de mi casa. Por más que lo busco no lo encuentro. Me empezó a dar miedo en un principio porque decían que podrían ser duendes y esas criaturas extrañas en las que la gente cree.

De pronto las cosas parecen como si siempre hubieran estado ahí. Hablo de semanas y meses.

Se mueven y se caen cosas en cualquier parte de mi casa, y ha sucedido en todas las casas en las que viví e incluso en la que ahora habito.

Quizás sea costumbre pero, ya no me asusta ni el sentir o ver qué pasa alguien tan rápido que no puedo ni verlo. Sobras durante el día y la noche. No sé qué sea. Sin duendes o algo más. O si todo está en mi cabeza . Pero no me asusto. Fuera de las cosas que se mueven y las caras espantosas que veo cuando tengo parálisis de suelo, no me ha sucedido nada malo.

Pienso que en caso de que algo sea, puede que sea algún ser extraño divirtiéndose de buena gana.

¿Han tenido alguna experiencia similar?

Una máscara feliz

Estos días han sido muy difíciles. Durante los días más fuertes de la pandemia , descansaba cuatro días a la semana, durante 4 meses. Me pasa qué, no recuerdo casi nada de esos días.

Es complicado. No se explicarlo pero, justo ahora necesito un ‘break’. Un ‘break’ que no aproveche para descansar realmente. O quizás puede que no lo necesitaba en ese momento. Pero ahora lo necesito más que nunca.

Y es que no soy la persona más amable y con más paciencia de todas, es algo con lo que trabajo día con día, aunque no se nota, y mi trabajo lo exige, pero no puedo seguir fingiendo.

Si puedo, pero resulta más difícil. ¿No les ha pasado? Que un día su paciencia de va abajo sin más. De repente te das cuenta que necesitas no saber nada de nadie ni de nada. Y que no significa que no quieras más eso, amigos, trabajo, familia, vicios, redes.

¿No les pasa qué, andan fingiendo ser felices? Bueno, infeliz no soy, pero feliz tampoco. Y justo ahora me siento derrumbado por dentro.

Mi cara parece la normal de siempre, pero como cuesta trabajo mantenerla. Tal vez es costumbre. Aunque mi rostro no sea el más amable siempre, aún así, me siento horrible por dentro.

Solo quiero un break para regresar a esta vida cotidiana. O quién sabe, lo cotidiano quizás me tiene tan mal.

Me gusta ir a trabajar, me despeja la mente y se me olvidan los problemas. También me gusta mi casa por la misma razón. Pero ahora, ni el trabajo ni mi casa son seguras para mí mente. Me acecha en cualquier lugar. Pensando puras cosas malas. Volviéndome inseguro. Más amagado.

Quién sabe qué sea. Espero resolverlo pronto.

Literal, muero por descansar. No me molestaría no despertar mañana.

A punto de dejarlo todo. Ya no puedo más.

No sé por dónde empezar a escribir cómo me siento. Pero es que este trabajo que tengo saca la peor de mí casi diario. Díganos que, de siete días a la semana cinco me resultan increíblemente fastidiosos.

Dirán, entonces ¿por qué no renuncias? Busca otro empleo. Pero no es así de sencillo. Prometí durar al menos dos años en el y además, de que mi jefa es muy amiga mía. Estamos cortos de personal, y entiendo que no me puedo ir así porque si. Pero es que ya no puedo más.

Estos clientes van a matarme de un coraje. Y tengo miedo de cometer locuras. No sé; desde decirle de cosas, groserías e insultos, claro, todo esto cómo respuesta de sus ataques.

No entienden. Deben usar el cubrebocas para poder entrar al establecimiento. Deben dejar que tomemos su temperatura. Son los protocolos.

Ya no quiero ir a trabajar. Próximamente hablaré con mi jefa para decirle cómo me siento. Y para decirle que no puedo durar un año más dentro de ese lugar que me está comiendo el cerebro.

Claro está, que no debo renunciar tampoco sin tener otro trabajo asegurado. O quizás descansar un mes. No se que hacer. Quiero estudiar fotografía y tener un estudio fotográfico propio. Esa idea me ha mantenido vivo estos días. Que no se me había ocurrido antes. Y que creo, que a pesar de tener ya veintiséis años aún estoy a tiempo de cambiar mi rumbo. Me da miedo. Pero, estoy seguro que será algo que me perseguirán toda mi vida, larga o corta, si no lo hago ahora.

Pero es que ya no puedo más. Se hacerca diciembre y hay unas filas interminables de clientes que llegan desde las 8:00am hasta las 10:30pm. Claro, solo me toca trabajar ahí ocho horas. Pero son eternas. No paras, no hay tiempo de parar.

Falta poco más del mes y ya estoy preparándome mentalmente para esos días de locura interminable. Pero se los juro, ya no puedo más.

¿Por qué no muero ahora mismo?

¿Por qué la luna no decide caer sobre mí en este momento?

No lo sé.

Ya dejen de opinar sobre mi vida. ¿Creen acaso que no se qué hacer con ella? Pues no lo sé. Pero es mía.

No creo que venimos a agradarle y darle gusto a las personas. Ni a la familia tampoco.

Simplemente dejen que viva cómo a mí me gusta.

Hay días que quiero beber hasta no saber nada. Hay otros en los que decidido no beber en mucho tiempo.

Déjeme que en un día me devore un libro. Dejen que otro lo termine en mucho tiempo.

Déjenme ir a la playa y salir con un color que no es mío. Así quiero estar. Moreno o más moreno. No me importa.

Quiero dormir las horas que yo quiero. No las que ustedes quieren.

Déjenme comer todo lo que me gusta. Dejen que cuide mi cuerpo y mi alimentación cuándo me apetece.

Dejen que camine los kilómetros que quiero. Sean muchos o sean pocos.

Dejen que tenga pareja o que no tenga. A eso último; eso lo puedo decir yo. ¿No?

Morir no. Porque no quiero morir todavía.

Quiero estar muy feliz en ocasiones. Quiero odiar al mundo en otras.

¿Pueden también dejarme resolver mis problemas?

Me siento prisionero en mi propia cabeza.

Es egoísta , ¿o no?

¿Por qué nos gusta creer que todo va a estar bien? No creo que este mal, pero me ha causado un poco de ruido hace unos momentos que leí un comentario de una conocida, a la cual hoy su abuela cumplía años de haber fallecido. Y su abuelo un mes. Era una foto con una cita que dice: ‘Al fin ya están juntos en el cielo. Peleando como siempre’.
Entonces pensé, en el caso de que exista el cielo y me toque ir allí, no me gustaría volver con mi pareja con la cual pasé toda una vida peleando para seguir peleando.
Me tocado escuchar muchas veces que digan eso, o leerlo en muchos lados. Y siento que es egoísta de parte de esas personas. Que con tal de que todo siga o igual o como para ellos no era tan desgastante estar con una persona con la que peleaba siempre, no importa tanto lo que la otra persona sienta.
En mi caso, mis abuelos no se llevan bien. Están juntos no sé por qué motivo, ya sea por costumbre, la compañía, miedo a la soledad. O por que en muchos casos las personas ya grandes, creen que está mal separarse a esas alturas de sus vidas y comenzar de nuevo. adelantándome a los hechos, y que se que mis abuelos me faltarán algún día, o mis tíos o padres, los cuales ninguno se llevan del todos bien con sus parejas, no me gustaría, que, si se reencuentran en el cielo u otra vida, tengan que seguir sufriendo y batallando otra vez con el mismo cuento.
Me gustaría pensar que empiezan una “nueva vida”. Que se quieren y continúan diferentes caminos. Alabando a señor, al Dios que ellos quieran o a donde sea que vayan después de la muerte.

Digo, quizás es para confortarnos de alguna manera la perdida, pero aún así, sigo pensando que es egoísta.

Extraños sentimientos.

Hace dos días que regresé a laborar. Dónde trabajo me dieron una semana libre por la situación del Covid-19.

Me cambiaron una sucursal a dónde ya trabajé hace años. Pero es que volver ahí me hizo sentir muy fuera de lugar.

Si vas a leerme, te advierto que no me imagino lo que han de sentir quienes han pasado más de un mes en cuarentena. Lo mío fue una semana sin trabajar pero no he salido en más de un mes, y a partir de eso es en lo que se ‘vasa’ mi situación.

Al llegar, me encontré con caras nuevas y ya conocidas y poco conocidas. Cosa que me ayudó un poco a no sentir que estaba en una especie de sueño.

Sentía una cosa rara dentro de mí. Tenía sentimientos encontrados, extraños, sin palabras para describir como fue.

En ese lugar, a sus alrededores todo era un flujo constante de carros y personas. Está cerca del mar, de hermosas playas. Rodeado de bares y algunos restaurantes. Era un lugar de fiesta, de cerveza y comida por doquier. Pero al volver no había nada. Solo una persona a lo lejos y yo.

Por un momento pensé que estaba soñando, tenía esa extraña sensación, esa que te da cuándo estás soñando y te das cuenta de ello.

En el café, mencioné decir que ese era mi trabajo, también llegaron clientes que hace mucho no miraba y que no recordaba sus rostros pero que sus nombres llegaron a mi cabeza una vez vistos.

Algo, una voz, o no sé, me decía que estaba soñando. Admito que ese lugar de mi trabajo no me gusta mucho y en la nueva sucursal si. Así que en pesadillas, algunas veces sueño que regreso a trabajar ahí. Pasaban las horas y estaba esperando despertar. Hasta que llegó mi hora de salida junto con la noche. Así que la soledad del lugar aumentó, la sensación también.

Tomé el bus, llegué a mi casa, hablé con mi mamá y hermano un momento (quienes no viven conmigo, pero antes de que la pandemia del Covid-19 aumentara en mi ciudad, decidimos estar juntos). Me acosté, sin sueño, no podía dormir. Aún sentía que soñaba, pero por una extraña razón no me convencía.

Una ola de pensamientos, de cosas feas y horrorosas atormentaban mi cabeza. Escuché a mi hermano toser y me abrazó un miedo que no me soltaba. Los pensamientos de traicionaron, se volvieron más agresivos.

Pasé horas, 2 o 3, sin poder conciliar el sueño. Mi miedo ante esta situación, cada día es mayor. Hay tantas personas por acá que creen que no les va a pasar nada y que todo es mentira. Así que cada vez aumentan la cuarentena, por que los casos no paran. Los infectados y muertes suben. Pero las personas siguen en la calle, afuera sin asuntos que atender. Solo por que no pueden estar en casa.

¿Ustedes como se han sentido?

Extraños sentimientos.

Hace dos días que regresé a laborar. Dónde trabajo me dieron una semana libre por la situación del Covid-19.

Me cambiaron una sucursal a dónde ya trabajé hace años. Pero es que volver ahí me hizo sentir muy fuera de lugar.

Si vas a leerme, te advierto que no me imagino lo que han de sentir quienes han pasado más de un mes en cuarentena. Lo mío fue una semana sin trabajar pero no he salido en más de un mes, y a partir de eso es en lo que se ‘vasa’ mi situación.

Al llegar, me encontré con caras nuevas y ya conocidas y poco conocidas. Cosa que me ayudó un poco a no sentir que estaba en una especie de sueño.

Sentía una cosa rara dentro de mí. Tenía sentimientos encontrados, extraños, sin palabras para describir como fue.

En ese lugar, a sus alrededores todo era un flujo constante de carros y personas. Está cerca del mar, de hermosas playas. Rodeado de bares y algunos restaurantes. Era un lugar de fiesta, de cerveza y comida por doquier. Pero al volver no había nada. Solo una persona a lo lejos y yo.

Por un momento pensé que estaba soñando, tenía esa extraña sensación, esa que te da cuándo estás soñando y te das cuenta de ello.

En el café, mencioné decir que ese era mi trabajo, también llegaron clientes que hace mucho no miraba y que no recordaba sus rostros pero que sus nombres llegaron a mi cabeza una vez vistos.

Algo, una voz, o no sé, me decía que estaba soñando. Admito que ese lugar de mi trabajo no me gusta mucho y en la nueva sucursal si. Así que en pesadillas, algunas veces sueño que regreso a trabajar ahí. Pasaban las horas y estaba esperando despertar. Hasta que llegó mi hora de salida junto con la noche. Así que la soledad del lugar aumentó, la sensación también.

Tomé el bus, llegué a mi casa, hablé con mi mamá y hermano un momento (quienes no viven conmigo, pero antes de que la pandemia del Covid-19 aumentara en mi ciudad, decidimos estar juntos). Me acosté, sin sueño, no podía dormir. Aún sentía que soñaba, pero por una extraña razón no me convencía.

Una ola de pensamientos, de cosas feas y horrorosas atormentaban mi cabeza. Escuché a mi hermano toser y me abrazó un miedo que no me soltaba. Los pensamientos de traicionaron, se volvieron más agresivos.

Pasé horas, 2 o 3, sin poder conciliar el sueño. Mi miedo ante esta situación, cada día es mayor. Hay tantas personas por acá que creen que no les va a pasar nada y que todo es mentira. Así que cada vez aumentan la cuarentena, por que los casos no paran. Los infectados y muertes suben. Pero las personas siguen en la calle, afuera sin asuntos que atender. Solo por que no pueden estar en casa.

¿Ustedes como se han sentido?

El chocolate que desapareció

El chocolate que desapareció.

Vengo a contarles una pequeña historia que sucedió el día de ayer aquí en mi casa. Es aún, un misterio sin resolver. No sabemos que pasó. ¿Hay sospechosos? Claro. Mi mamá y mi hermano. Pero ambos niegan haberlo comido. Incluso sospecho de mí. Pero soy él ultimo de mi lista.

Compré un chocolate el día 3 de Abril del 2020 a las 6:30pm. Fui a la farmacia porque a mi mamá le dolía la cabeza y me mandó por una caja de SARIDON. Honestamente esas pastillas son mágicas, pero eso es tema para otro día. Llego a la farmacia, pido las pastillas y un dulce que también me encargó mi madre. Entonces, ya estando ahí miré un chocolate, un Milky Way, así que decidí comprarme un y disfrutarlo el resto de la noche y tener mis cinco minutos Milky Way en medio de toda esta tragedia llena de virus.

Llegué a la casa, mi mamá se tomó las pastillas, y rápidamente el dolor de cabeza desapareció por completo. Olvidé el chocolate, nos pusimos a ver la película de Midsommar y después intercambiamos opiniones de la cinta que a mi me encantó, pero a mi mamá no.

Al día siguiente, bajé a comer y ahí estaba mi chocolate. Y yo feliz de acordarme de el y que aun estaba disponible para disfrutarlo en cualquier momento, pero otra vez me olvidé de el. Me fui a trabajar. La tarde y la noche pasaron muy lentos, pues casi no hay clientes en la plaza donde trabajo por el asunto del Covid-19  y que si hay personas responsables y consientes de la situación y se resguardan en sus casa como deber ser. Entonces, a la salida, cuando ya venia a casa de regreso, recordé mi chocolate, me emocionó mucho saber que aún lo tenía. Así que lo busqué donde lo miré la ultima vez.

NO ESTABA.

Por supuesto culpé a mi hermano por que cualquier comida, dulce, postre, que queda a su vista, se la devora. Es un peligro.  Pero dice que no fue él. Le creí, pero una parte de mi no estaba satisfecho con su respuesta. Sus gestos, su hablar, su actitud, todo, me indicaba que era verdad, si no, hubiera sido muy fácil, se delataría solo.

Así que viene la segunda sospechosa, mi mamá. Le encantan los dulces. Y le encanta tirar todo a la basura y después no se acuerda que tiró. O guardar cosas y no recordar donde. Pero esta a dieta, y antes de irme esa mañana le ofrecí, pero me dijo que no, que porque esta a dieta. Así que no creo que ella sea culpable.

O quizás se lo comieron entre ella y mi hermano y están actuando de maravilla para ocultar que entre los dos fueron. Mienten muy bien, o de verdad son inocentes. No lo se que con certeza.

Incluso sospecho que yo me lo pude haber comido y no lo recuerdo. Pero siendo honestos, no lo olvidaría.

Estoy muy confundido. Entre los dos los buscamos por toda la casa, hasta en la basura y nada. Mi mamá se ve interesada en encontrar el chocolate. Y estamos preocupados. Tenemos un montón de teorías. Quizás alguien lo tomo por la puerta, estirando el brazo hasta donde estaba.
Quizás alguien vive aquí adentro de la casa sin darnos cuenta. El perro de peluche de mi hermano se lo pudo haber comido, porque resulta que del “hocico” está manchado de café. O hay algo sobrehumano comiendo o escondiendo las cosas de la casa. Hace dos noches, vi que algo, de pequeña estatura, se miraba al espejo, pero no pude ver que era. O hay duendes.  No lo sé. Hoy seguimos buscando y nada. Hoy salimos a comer, y al regresar, vimos en la puerta una envoltura del Milky Way.

Quiero saber que pasó. No me deja vivir esta duda. ¿Qué teorías tienen? Necesito ayuda.

Natalia debe morir

Hola, posteo acá un pequeño borrador, de un capitulo, de una historia que quiero construir. Que tengan buen día.

Natalia debe morir.

Estas últimas semanas, le había pasado muchas veces por su mente. ‘Natalia debe morir’.
Pero Alex no sabía como iba a lograr que eso sucediera. Solo sabia una cosa, no podía soportar mas tiempo a esa mujer que hacia su trabajo fuera horrible desde el momento en que ella cruzaba la puerta y entraba a la cafetería donde Alex trabaja y pidiera su ‘Chai Extra Caliente’ de todos los malditos días del año.

Una mañana muy azul. Alex, iba caminando a esperar el autobús que lo dejaba cerca de su trabajo. El clima, era espantoso.  ‘Odio el calor’, pensaba Alex. Pasó un autobús y no era el que Alex necesitaba para su trabajo, Pasó otro, tampoco era. Siguieron dos más, y tampoco eran. Al fin, el cuarto camión es el que necesitaba para subir y odiar este hermoso día azul. Odiaba esperar tanto tiempo el autobús cuando hacia bastante calor. Venía lleno de personas y apenas un asiento estaba disponible, pero una señora, de algunos sesenta y siete a setenta años apareció, ganándole el lugar, pasando entre las personas como la humedad. Alex era un joven muy amable con las personas mayores cuando de él nacía esa acción de hacer algo bueno por ellos, como el de ofrecer un asiento a una persona mayor. Pero le molestaban las acciones desconsideradas y arrebatadoras como las de esta señora. ‘Ella debe morir, o no existir. De ser así hubiese ganado mi lugar como correspondía’.

Alex baja de su odioso trayecto. Siente que el calor lo envuelve y eso lo pone de muy mal humor. Luego pensar los mil setecientos cincuenta pasos que debe dar hasta llegar a su trabajo.
Si, tenía una aplicación en su móvil que contaba los pasos que da durante todo el día. Sentía que el sol lo odiaba. Odiaba el calentamiento global. Odiaba las personas que contaminan y tiran basura en la calle y en las playas. Odiaba caminar a su trabajo, odiaba los autobuses. Pero no quería comprar un carro, le parece absurdo gastar tanto dinero en uno, cuando un autobús puede llevarte a muchos lugares a tan bajo costo.

Trabaja en una cafetería que se encuentra dentro de una plaza. Tenía ya siete años trabajando en ese lugar. Le gustaba mucho. Conocía muchas personas, hizo algunos amigos y le encantaba el café. Pero de casi todo lo que le gusta, odia algo de ello.
Ama a la mayoría de los clientes. En especial a los que llegan, piden lo mismo, saludan y se van en cinco minutos. Están con los que tiene muchos temas en común y pueden platicar durante mucho tiempo. Están esos que son amables y no se quejan.
Pero están los que van siempre, y siempre se quejan de todo. Del servicio, de la actitud de los trabajadores, de la comida, del café, del chai, del aire, de la música.

Se pone su mandil y comienza a laborar.

Se prepara un café, uno que lleva tres shots de espresso y chocolate blanco. Su favorito desde que trabaja ahí. Se lo sirve en las rocas. Le gusta el café frío en cualquier clima del año. Y siempre se prepara lo mismo antes de empezar su turno en su trabajo. Es un día normal, al parecer. Como siempre, Alex deseaba que no fueran esos clientes que más odia y que solo le hacen perder el tiempo con sus reclamos.

Alex platicaba un momento con Sandra, una muchacha nueva que tenía apenas diez meses trabajando ahí y se habían hecho ya grandes amigos. Les gustaba charlar sobre libros. Todo marchaba bien en el día hasta que se ve aproximarse una clienta, a la que todos odiaban, en especial Alex, porque, para su desgracia, él preparaba mejor el chai que todos en ese lugar, y Natalia lo sabía.

-Voltea, que ahí viene tu favorita – Dijo Sandra con tono burlón.
-Me gustaría esconderme, pero lastima que ya me vio. -Alex alzaba la mano para responder el saludo de Natalia, que entraba a la cafetería y saludaba con una sonrisa de oreja a oreja. Claro, una sonrisa falsa, como la de Alex.
-Hola, muchachos. Buenos días. Que alegría que estés tú, Alex. Ya sabes. Lo de siempre; un chai, del más grande. ¡Super, super caliente! Que no se olvide. – Recalcó Natalia, con un tono de voz muy alto y falso como su sonrisa. Fingiendo ser una persona amable.
-Claro, enseguida te lo tengo listo, dame un minuto. – Claro que eran mentiras de Alex. Tardaba cinco minutos o más, porque tenía que calentar el agua, para que estuviera muy caliente, y aparte también calentar la leche para que estuviera muy caliente. Enseguida tenia que mezclar el agua y la leche con el chai para terminar la bebida, pero se debía volver a calentar, porque para Natalia aún no estaba lo suficiente caliente para beber.

La bebida estuvo lista al cabo de unos minutos. La mujer de sonrisa falsa la cogió y la bebió. Pero no estuvo a la temperatura que ella deseaba. Necesitaba que estuviera mas caliente.
Todos se preguntaban cómo era posible que un ser humano pudiera beber una bebida de tan alta temperatura. Estaba más alta de lo permitido por la empresa. Podrá lastimar sus órganos, su legua, su esófago, su estómago, su garganta, todo el camino que un liquido puede recorrer al pasar por la boca. Pero para ella no era problema.

Alex le decía, como siempre, que podía volver a prepara su bebida hasta que le gustara y estuviera a la temperatura adecuada. Y cuando a Natalia no le gustaba la bebida su actitud cambiaba. Su voz no era amable, su sonrisa se volvía una desagradable mueca y su ceño se fruncia un poco.

Segundo intento, aun mas caliente el chai, a esa mujer inmune a lo caliente, no le era lo suficiente para poder beberlo. Ella ya no sonería, su ceño lucía muy arrugado y su voz no tubo cambio, no habló. Solo hizo gesto de desagrado y casi tira la bebida de lo molesta que estaba.

Él pobre Alex, tubo que ocultar su frustración, su enojo, sus ganas de decirle cosas, pero logro mantener su enojo muy bien guardado y volvió a decirle que volvía a prepara su bebía. Era casi imposible que alcanzara un grado más alto de temperatura. El liquido empezaba a hacer ebullición, a hacer burbujas que explotaban y lanzaban chispas hirviendo que caían sobre las manos de Alex. Y eso le molestaba muchísimo. Podía sentir la mirada furiosa de la clienta. Al momento de casi preparar la bebida, un mal movimiento hace que la bebida se derrame un poco y Alex se quema la mano, y aguanta el ardor con tal de que Natalia la pruebe y se vaya del lugar.

– ¡No me gusta! ¡No entiendo por que no puedes hacerla como le pido! ¡No sabes lo que es extra caliente! No me quema, no siento nada, no me sabe bien. Tengo que irme, así déjalo ya.

La mente de Alex se fue de su lugar. Algo en él cambió. Fue como un cambio de cerebro y es como si alguien hubiera entrado en cuerpo y lo manipularan. De pronto no sintió nada. No había ardor, no había desesperación. Es como si estuviera en estado neutro, sin recibir señal, sin captar información a su alrededor. Sus oídos no funcionaban. Sólo veía que Natalia movía sus labios, pero no podía escuchar lo que decía. Estuvo así aproximadamente un minuto. La única expresión de su rostro era un pequeño estirón de su labio, estirado a la izquierda. No era una sonrisa, era algo más. Sólo había un pequeño pensamiento que lo controlaba y se repetía contantemente en ese tiempo que estuvo sin reacciona; ‘No puedo permitir que siga sucediendo esto. La odio. No quiero verla más. Tiene que desaparecer para siempre. Ojalá que se muera’
De pronto volvió en sí y tranquila y delicadamente soltó unas palabras:
– Discúlpame. Te juro, que no volverá a suceder.
En su mente, planeaba algo que pensó que solo se quedaría ahí, en su imaginación. Jamás pensó que se volvería realidad.